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Histórico

Historia de una collección

Josef Mueller nació en 1887 en el seno de una familia burguesa de Solothurn, en la Suiza alemana. Nada lo predestinaba a convertirse en uno de los más grandes coleccionistas de arte de todos los tiempos fig. 1. Huérfano de padre y de madre a los diez años, fue educado por una institutriz, pero tuvo la suerte de poder realizar frecuentes visitas a los padres de un compañero de clase, que eran amantes de la pintura moderna y que, en 1906, ya poseían un muy bonito cuadro de la época rosa de Picasso, un retrato de mujer de perfil, que Mueller adquiriría más tarde fig. 2.

A la edad de veinte años, invirtió sus ingresos de todo un año en comprar un lienzo, e inmediatamente se fue a París, donde conoció al célebre marchante Ambroise Vollard. Siguiendo los consejos de éste, adquirió un cuadro importante y famoso de Cézanne, el retrato del Jardinier Vallier, pintado en 1905, en el que sería el último año de vida del futuro padre de la pintura moderna.

Y es a base de privaciones y venciendo muchas dificultades como Josef Mueller constituyó de manera extraodinariamente rapida un conjunto que comprendía ya en el año 1918 siete Cézanne fig. 3, cinco Matise y cinco Renoir, sin contar los Picasso, los Braque y muchos lienzos de otros maestros prestigiosos.

La sed de novedad, el deseo (formulado por Rimbaud) de ser "absolutamente modernos", había conducido a los artistas a explorar lo desconocido. Después de les innovaciones revolucionarias de los impresionistas, vinieron las de los fauvistas (Vlaminck fig. 4, Derain fig. 5, Matisse, etc.), que fueron los primeros en comprender que los fetiches africanos, cuyo aspecto aparentemente grosero había sido motivo de irrisión hasta entonces, encontraban su sitio entre las obras surgidas del impulso natural del hombre, siempre en búsqueda de perfección formal.

En los años veinte, otros artistas y coleccionistas tuvieron la suerte de descubrir la ingenuidad y la honestidad del proceso creativo de los artistas tribales, los cuales ignoraban "el arte por el arte" y no realizaban sus obras ni para expresarse personalmente ni para gustar a un público de entendidos, sino porque se les revelaban como necesarias en el marco de las creencias mágico-religiosas, en las que domina la preocupación por mantener en equilibrio las fuerzas contradictorias que se enfrentan alrededor del hombre.

En 1935, el Museum of Modern Art de Nueva York organizó una gran exposición titulada "African Negro Art". Todas las obras pertenecían a europeos, entre los cuales se encontraba Tristan Zara, que poseía una magnífica máscara gabonesa que el Musée Barbier-Mueller adquiriría unos años más tarde fig. 6. Josef Mueller no prestó nada para aquella exposición. Muy raramente participaba en manifestaciones públicas. Seguro que se habría negado a pronunciar una conferencia o a explicar las razones que lo empujaban a acumular tantos tesoros. Aun así, en 1957, a la edad de setenta años, Mueller decidió exponer su colección africana fig. 7 en el museo de su ciudad natal de Solothurn, a la que había retornado para afincarse después de la guerra. Jean Paul Barbier, esposo de su hija Monique y él mismo historiador y amante del arte, comprendió que Josef Mueller estuviese preo-cupado por el hecho de que las obras de arte llamadas "primiti-vas" fuesen poco estimadas en relación a los cuadros de los que todo el mundo hacía tantos elogios. Quizá fue aquel día cuando nació la idea de un verdadero museo permanente de arte primi-tivo, que vería la luz veinte años más tarde, en Ginebra, donde se habían establecido Monique y Jean Paul Barbier-Mueller.

Este último había constituido por su parte una colección que iba a añadirse a los fondos Mueller. Se había entregado a la búsqueda de piezas importantes para dar más coherencia a la colección. Josef Mueller, en efecto, no buscaba crear un verdadero conjunto, sino que compraba los objetos por simples criterios estéticos. Fue su yerno quien consiguió proponer una colección razonada, que se ha convertido a su vez en una "obra maestra" reconocida como tal en todo el mundo.

El Musée Barbier-Mueller abrió sus puertas en el mes de mayo de 1977, tres meses después de la muerte de Josef Mueller. Fue un gran acontecimiento al que se añadieron muchísimos amigos de la familia, amantes del arte y entendidos llegados de todo el mundo, muchos de los cuales no tardaron en constituir una Association des Amis du Musée, que hoy cuenta con más de un millar de miembros fig. 8.

Las colecciones reúnen en la actualidad más de siete mil obras, esculturas, máscaras, textiles y objetos de prestigio o de adorno corporal. Este conjunto único, constantemente enriquecido por Jean Paul Barbier, constituye la más importante colección de arte primitivo del mundo. Las secciones principales son, por orden de importancia, África, Insulindia (la Indonesia "primitiva"), Oceanía, las Américas (precolombina y poscolombina), el Asia tribal y, de un modo general, les fases arcaicas o prehistóricas de les grandes civilizaciones (Grecia, Italia, Japón, Insulindia, etc.).